TRUCOS

No sé cuándo se madura. No sé cuáles son las claves para madurar, pero empiezo a imaginarlas. Es cuando uno tiene trucos lo suficientemente útiles para convertir lo que no es en algo que merece la pena. Hay trucos para ir a trabajar, y es no pensar. Hay trucos para enamorarse (otra vez y a pesar de) y es olvidar. Hay trucos para salir a la calle y otros para adelgazar.

Hay trucos para ver lo malo en los demás y otros para borrarlo como tippex. Hay otros que sirven para que no se te olviden las cosas (tatuados en el móvil, en un post-it o en la agenda). Hay trucos para parecer más alta, hay trucos para mentir y hasta para mentir y que parezca creíble.

Yo tengo trucos para poner azúcar lo que no tiene gracia, aunque a veces el truco es simplemente saborear lo que está amargo. Y me gusta. Tengo trucos para mirar charcos viendo océanos y sin haber leído poesía encontrársela a las nubes que llenan el centro o en el asfalto que llega a la puerta de mi casa. Y ya, me sale solo.

Tengo trucos que son sólo palabras. Y relucen y brillan. Hay trucos para seguir viviendo. Lo mejor es que a veces en que no necesitas los trucos: cierras los ojos, piensas que no es tan malo, los vuelves a abrir y sólo eso ya funciona. Lo mejor es que siempre hay tiempo para olvidar recordando lo que pasó.

Lo bueno sería encontrar un truco para perdonar. Para pensar en mañana y que todo fuera tan fácil como salir a la calle, dejarse mojar por la lluvia y creer que esto puede ser mejor.

RAYOS DE SOL

Ahora que se acerca el invierno y cada vez anochece más pronto, me gustaría poder embotellar un rayo de sol. Guardarlo para mí, para cuando las noches sean largas y frías. Un rayo de sol al que pueda recurrir cuando a mi alrededor sólo haya frío y oscuridad.

Basta que algo no pueda guardarse, para que una sienta ganas de retenerlo. Igual que no se sabe hasta cuándo te acompañará el eco de su voz, ni cuando se te vetará el murmullo de su risa, ni cuando apagará su brillo para ti.

Es como intentar cazar una estrella, sabes que no es posible, pero... ¿cómo resistirse a intentarlo?

¿BAILAS?

Hoy es un día perfecto para apagar el móvil, arrancar el cable del teléfono, desconectar el timbre de la puerta y encerrarse a bailar tango.

El tango es un compromiso sexual. Es la fusión de dos cuerpos. Es la confirmación de que quien manda es la mujer dejando que el hombre crea que es él quien domina y quedando los dos conformes.

Los que bailan tango están solos. El tiempo se detiene para ellos. El mundo se desdibuja. Juegan a desearse, a esperarse, a acariciarse, a tocarse, a desconfiar, a someterse, a escaparse, a rebelarse, a prometerse, a ilusionarse. Los cuerpos se pegan a la altura del pecho, acoplando los corazones y dejando el latir para las piernas.

Los bailarines de tango, mientras bailan, se aman y se odian. Se acechan. Sienten celos de la música que acaricia, seduce, envuelve y penetra en el cuerpo del otro.

El tango es una encerrona, una trampa sensual en la que ambos gozan y aprovechan. Tango es vida y muerte, es pasión, es melancolía, es erotismo...

¿Bailas conmigo?



DE TELÉFONOS MÓVILES Y SMS

El teléfono es un bien precioso para comunicarse con aquellos que están lejos. Y con lejos no me refiero a cientos de kilómetros, a veces basta con que están tres calles más allá de donde tú estás.

El teléfono móvil es ese artilugio que las madres dan a sus hijos cuando éstos se van de campamento para que llamen por si necesitan algo, para que los niños (y no tan niños) llamemos a nuestros padres para decirles que aunque el viaje ha sido muy largo y había muchísimo atasco, estamos en casa sanos y salvos, para llamar a la grúa cuando el coche nos traiciona y nos deja tirados en cualquier arcén de cualquier carretera.

Aparte de todo eso, para mí el teléfono es un instrumento de trabajo. Supongo que quien en su trabajo no esté continuamente atendiendo llamadas de clientes, no será capaz de entender que para mí, irme de vacaciones, a la playa, a la piscina, leer un libro apalancada en el sofá o sentarme en el césped a ver pasar el tiempo implica, necesariamente, olvidarme del teléfono móvil.

Pero, de vacaciones o no, aparcando el teléfono móvil en un rincón del bolso o pegado a ti en el bolsillo de los vaqueros, no hay nada mejor que una llamada a las doce de la noche sólo para decirte que les encanta que seas su amiga y que te quieren, o cuando al despertarte descubres que lo que te despertó a las tres de la mañana era el “bip” de un beso y un escueto “te echo de menos” en forma de SMS.

VERANOS PERDIDOS

Serían... no sé, entre mediados y finales de los años noventa. En aquella época todos los primos veraneábamos juntos y los inviernos eran una pesadilla eterna que aguantábamos consolándonos con que, al fin y al cabo, el siguiente verano no estaba tan lejos...

Y el verano siempre llegaba. Si había suerte y salía un buen verano, nos pasábamos el día en la playa, poco antes de subir a comer nos tomábamos unas rabas y subíamos a casa todos en procesión. Luego una siesta y más playa o una pachanguilla de baloncesto, una partida de tute.

Si se pasaba el verano lloviendo la cosa era más complicada. Entre nosotros siempre nos las arreglábamos para entretenernos, hacer ruido y pasárnoslo bien, aunque ahora, con el tiempo, creo que ni a mis padres ni a mis tíos, les debía parecer divertido aquella pandilla de veinteañeros llenos de energía dispuestos a dar guerra.

Pero si había algo bueno, eran las noches. Salir juntos todas las noches. Tomarnos nuestras copitas en la playa, llegar todos los días del mes de agosto a casa a las seis y media o las siete de la mañana y, muertos de hambre, atracar las sobras de la cena que había en la nevera.

Cuando vi este vídeo, me recordé a nosotros mismos hace diez años y las conversaciones sobre la jugada de la noche anterior... Creo que si hubiera tenido una cámara a mano, habría tenido unos cuantos vídeos muy parecidos a éste. ¿Vosotros no?



AVIONES DE PAPEL

Hoy no tenía ganas de hacer nada y me ha pasado toda la mañana mirando por la ventana. A mediodía hacía calor y, aprovechando los últimos rayos de sol del verano, he salido a la terraza a tomar una cocacola mientras repasaba todo un taco de papeles para los que nunca encontraba tiempo.

En eso estaba cuando se han colado en mi mente un montón de recuerdos. Ha sido un instante, sólo un momento en el que mi mente se ha llenado de ti: de tus palabras, tus gestos, tu olor, tus manías, tu risa... y dolía. ¡Dios, cómo dolía! Dolía tanto que las lágrimas se me han escapado a borbotones sin pedir permiso.

Cuando ya no me quedaban más lágrimas, he ido al baño, me he lavado y la cara y he vuelto a la terraza. El primer papel estaba empapado y he hecho lo único que podía hacer con él: un avión. Un avión de papel en el que he cargado todas las palabras que hemos cruzado, todas las que se dijeron y las que ni siquiera salieron de mi boca.

Me he asomado a la barandilla, las he lanzado y las he dejado volar. Las he mirado elevarse y planear, jugar con el viento, dejarse acunar por el aire, zigzaguear al compás de la brisa, esquivando tejados, antenas y chimeneas, haciéndome sonreír con sus quiebros y piruetas.

He visto cómo se alejaba ese avión y le he visto emprender el descenso para terminar cayendo en una acera y quedarse ahí. No he podido evitar sonreír al pensar cómo llegaron a mí tus palabras y en la corriente que las ha hecho volar en el avión de papel.

DOMINÓ

A veces la vida es como un dominó: una ficha empuja a la siguiente y así hasta que solamente quedan unas en pie a las que intentas aferrarte convirtiéndolas en pequeños pilares que sostienen nuestra felicidad.

Los problemas de encontrarse en esta situación son varios: primero, que uno quiere sostenerlo todo con esos pilares y los sobrecarga, poniendo cosas encima que no deberían estar ahí; segundo, en caso de aparecer un nuevo pilar, es complicado medir bien qué poner sobre él, y puedes terminar aplastándolo incluso antes de que logre ponerse en pie del todo; y tercero, al ser pocos y estar sobrecargados, cada ficha de dominó que cae hace un gran estruendo, mucho mayor del que normalmente haría.

Podría seguir enumerando contras y consecuencias, pero estas tres son ya bastante ilustrativas y... las que me han pasado más recientemente. He sobrecargado fichas que estaban en pie desde hace mucho tiempo. Algunas no resistieron y terminaron por caer -y seguramente me costará mucho volver a levantar-; he encontrado nuevas fichas y sobre una de ellas he puesto cosas que no correspondían, haciendo que cayese cuando no debería haber caído, y sintiendo un auténtico estremecimiento bajo mis pies por su caída, cuando no debería haber pasado de un pequeño ruido.

Éste es uno de los lugares en donde busco refugio cuando estoy así, con pocas fichas del dominó de pie y viendo cómo otras se van desplomando. Es un pequeño claro en la tempestad que me trae tranquilidad, me desconecta y me aleja de todo esto, un pequeño rincón en el que pensar no duele.

CERRADO POR VACACIONES

Ando por ahí perdida disfrutando de unos días de vacaciones. Prometo volver con Clara, Juan, Luis, Álex y un montón de historias más.

Sonrío, respiro, vivo, amo. Soy feliz.

Nos vemos el 8 de septiembre.

CUESTIÓN DE TIEMPO

A veces nos ponemos (nos ponen) en la situación de tener, por fuerza, que retractarnos de cada promesa, de cada beso, de cada abrazo y cada palabra dicha con afecto. Ése momento en el que descubres que ni todo era mentira, ni todo era verdad y no te queda otra opción que apoyar la rodilla en el suelo y suplicar que venga el olvido a intentar disimular nuestras cicatrices, porque la decepción ya no desazona, sino que duele, y no queda más remedio que darle la vuelta al alma como si fuera un calcetín que acabas de sacar de la lavadora.

Porque retractarte de lo todo lo que has dado y recibido no sólo significa que tenemos que renunciar a lo que emprendimos, sino también a lo que somos. Empezar de cero y ser otros. Cuando cambian nuestras metas nosotros mismos debemos cambiarnos. Ya no tienen sentido nuestros viejos gustos, nuestras viejas costumbres, nuestros viejos métodos. Aquello que antes nos valía ha quedado demostrado que ya ni nos sirve, ni nos favorece.

Persistir en el error es estúpido y es un lastre que no nos deja avanzar. Pero... ¿qué haces con todo el dolor que aun te queda dentro?

¿Olvidar es sólo cuestión de tiempo?

VACACIONES

Ahora que todo el mundo está de vacaciones, ahora que sólo quedamos cuatro gatos en Madrid...