El otro día dejé el blog. Sí, no te has enterado, pero lo dejé. Me prometí ni un post más, me prometí escapar de mí, de mis historias repetidas. Salir de aquí y empezar en otro sitio.
Escapar. Bueno, más bien desaparecer de esa forma que tanto me atrae. Sin que nadie se dé cuenta, sin dejar marca.
Como hoy, en el supermercado, dos dependientas. Una le dice a la otra que acaba de caer en la cuenta de que hace semanas que no está el vendedor de cupones en la esquina. La otra, resuelta, contesta "¿Se ha muerto?", "No sé, pero no está", dice la otra. Y siguen a su tarea.
Yo me prometí irme así, pero no puedo. Hay cosas que me atan demasiado, mucho más de lo que quiero reconocer. No puedo dejar de escribir.
Hoy lo explicaba para entenderme: necesito escribir para entender la vida. Para aceptarla tal cual es y encontrarle su encanto. Al menos, aunque el resto no me guste, aunque el resto no funcione, aunque un día el resto fuera un fracaso, tendría la suerte de contarme historias y jugar a las palabras encadenadas.
Así que me vuelvo a pegar aquí. Vuelvo a venir con el corazón en un puño, en tu puño. Es tuyo. Es tan tuyo como mías son las letras.
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MADRUGANDO
Ocho menos diez de la mañana. Cuerpo quieto, concentrado en abrir los ojos. Mente intentando averiguar a qué cuerpo pertenece.
Ruidos en la calle. Canción facilona silbada. ¿Funcionarios?. Imposible, no tienen fuerza a media mañana, ¡la van a tener a las 8, antes de desayunar!
Conversación... con un tono de voz que dudo si están en el salón de su casa o arreando cabras.
¿Quién tiene tanta energía tan temprano? ¡Dios¡ ¡No! ¡Albañiles!
Ya puedo quitarle las pilas al despertador que en una semana no llego tarde.
SIN RENCOR
He limado mis uñas y he metido las manos en los bolsillos. En ellos he arrugado también mi dolor. Hoy no quiero reproches, los dos sabemos que son una pérdida de tiempo que sólo servirían para que nos enfadáramos.
No quiero hacerte daño, no quiero arañar tu piel. Hoy sólo quiero ser la mujer dulce que conociste un día, la que te hacía reír y vibrar y pensaba que la vida era mejor que lo que había vivido hasta ahora.
Tu mirada ya no se refleja en la mía, tu voz no resuena en mis oídos, tus labios ya no acarician mi piel. No tengo letras tuyas que me alimenten día a día. Mi vida sin ti sigue adelante, la tuya lo hará de igual manera, aunque te sueñe cada noche, aunque lo desee cada día, sólo quedan rescoldos de lo que un día fue fuego. He intentado mantenerlo encendido, pero se está apagando, apenas quedan brasas.
La despedida, un par de besos y, a pocos metros, volver mi cara y lanzar un beso al aire, para ti. Mi último beso, mi última sonrisa, mi último hasta pronto... que hoy es mi último adiós.
Sin dolor, sin amargura, sin reproches, sin arañazos, sin marcas, sin lágrimas, sin duelo, sin rencor, sin luto, sin ti...
Adiós, mi amor.
DEJATE LLEVAR
Me rodeas con un brazo. Abres la mano sobre la espalda y me ordenas: "dejate llevar". Me relajo, cedo a la disciplina silenciosa que impone tu cuerpo.
Empiezas a moverte. A moverte conmigo. Te sigo. Te respondo. Te dejo hacer. Me rozas, me obligas, me haces girar, me llevas más rápido y luego lento, muy lento. Obedezco. Tengo la boca muy cerca de tu cuello. Siento un perfume que no es un perfume. Es tu olor.
Es tu calor. Es tu mano en la mía. Es tu cuerpo pegado al mío.
Es tango.
NO NECESARIAMENTE
No tiene que ser ahora. No tiene que ser urgente, pero te aviso de que un deseo loco empieza a poseerme.
Hoy quiero abrazarte, perderme en tu sonrisa. Hazme llegar al cielo en un latido eterno. Lento, lento, lento. Quiero que tú me ames como si fuera única. Quiero que me acorrales en el rincón más íntimo y, enredada en tu cuerpo, robarte el aliento.
Puede ser hoy, pero no necesariamente.
MATEMÁTICAS VS FILOSOFÍA
Más allá del entorno que nos ha tocado en suerte vivir, las personas nos solemos distribuir bajo la órbita de dos grupos: el de la gente práctica y el de la gente compleja.
Los prácticos parecen abrazados a ese principio de la geometría que dice que la distancia menor entre dos puntos es una recta. Así, sus procedimientos son en general sencillos, definidos y contundentes: no suelen hacerse demasiadas preguntas y la filosofía les aburre o les parece inútil.
No conciben, por ejemplo, la idea de estar triste sin motivo: si uno les cuenta que está mal, la pregunta de rigor es "¿Qué ha pasado?". Si la respuesta es que nada, aunque tengamos conductas francamente suicidas, ellos desestiman el problema. Las cosas funcionan así en su cabeza, si no te pasa nada, no tienes por qué estar mal. Si, en cambio, contestamos que nos peleamos con nuestro novio, zanjan la conversación con un "si no te hace feliz, déjale".
Si bien son buenos compañeros de viaje por su impecable organización, las charlas de bar con ellos pueden ser aburridísimas, sencillamente se limitan a contar qué han hecho o qué van a hacer, y la idea de inventar una teoría sobre el color verde del césped o adivinar el nombre de la gente, les parece delirante o loca.
Debo confesar que en algún momento he admirado a este grupo. Quise ser así de práctica, así de clara, así de simple. Quise su aparente paz interior o su adolescencia sin turbulencias, una relación de pareja sana, cuidar sobrinos y divertirme con ellos. Y quise llegar a las conclusiones a las que yo llegaba pero en el mismo tiempo en que llegaban ellos.
Después están los otros. Los complejos. Los que desdibujan ese trayecto entre dos puntos dejando de lado la geometría. Aquí entran: los que tienen un blog, los que se cuestionan cosas del calibre de "¿Por qué he venido al mundo?", los que sufren de más, reiteradamente o sin causa aparente, los que leen lo que les gusta o les interesa, aunque no sirva para nada, los que pueden pasarse horas inventándose teorías de borrachos que no llevan a ningún sitio...
Y a mí, hoy por hoy, estos últimos me parecen más interesantes. Me seducen, me conmueven, me resultan enriquecedores. Me gustan porque son más divertidos, más emocionantes, porque tienen la cuota de conflicto necesaria. O porque, en realidad, son los dueños de la verdad absoluta, porque como dice la teoría de la relatividad con su idea del espacio-tiempo curvo, la mínima distancia entre dos puntos deja de ser ya una recta.
Y allí, entre esos dos puntos de inflexión, estoy convencida de que se esconden todos los secretos del universo.
PREGUNTAS AL AIRE
Y si lo mejor de la vida es esto que está pasando ahora? ¿Y si es despertarse en mitad de la noche para escribir una palabra más en el cuaderno cansado de viajar? ¿Y si es irse lejos por un tiempo y extrañarte a cada momento?
¿Y si es estudiar hasta que se te queden las pestañas pegadas en los libros? ¿Y si es la rutina de todos los días? ¿Qué pasa si esto es lo mejor de la vida? ¿Qué pasa si después de años de buscarlo, descubro que ese momento ya se me ha adelantado y pasó de largo sin esperarme?
¿Qué pasa si después de estar descartando lo que siempre pensé que no era para mí, encuentro que podría haber sido lo que siempre quise tener? ¿Qué pasa si finalmente me doy cuenta de que lo mejor de la vida fue eso que ya pasó, cuando yo aún estoy preguntándome cuándo llegará?
¿Qué pasa si la vida me da la oportunidad de encontrarme como siempre he deseado pero las cosas no son como yo esperaba? ¿Qué pasa si entonces siento que no puedo ni con mi alma cansada de tanto caminar mirando a todas partes sin encontrar nada?
¿Qué pasa si justo lo que quería encontrar estaba en algún cajón que nunca me animé a revisar de nuevo? ¿Qué pasa si ese "no es para ti" se transforma con el tiempo en "lástima, lo has perdido"? ¿Qué pasa cuando una siente que no siente y en realidad siente todo lo que nunca me animó a sentir?
¿Qué pasa cuando los amigos son más reales y hay que enfrentarse a verdades que duelen en el corazón? ¿Qué pasa con las peleas eternas y los mensajes que nunca llegaron a su destino?
¿Qué pasa hoy que no sé qué pasa y espero no estar para que no me pase a mí?
CRISIS
Tengo crisis de blog. Las teclas me pesan, las palabras se me traban y las ideas están muertas. Me doy mucha pereza, no creo tener una profundidad de pensamiento suficiente para tener algo que contarme últimamente.
Leo mucho, pero cosas sin gran contenido, no retengo las nuevas tendencias y aunque sé qué está pasando políticamente por ahí, la verdad es que no me interesa en absoluto. No tengo criterio para criticar el mundo y no tengo ganas de polemizar.
Voy viviendo en mi mundo, mirando a las personas y oyendo siempre un "tiqui, tiqui, tiqui, tiqui, tiqui tuk". A veces me quedo mirando a la gente y se me escapa en alto lo que oigo: "tiqui, tiqui, tiqui, tiqui, tiqui tuk".
Me miran raro pero yo me hago la loca y miro para otro lado....
EL SUEÑO NO SE RECUPERA
Me lo han dicho esta mañana, cuando llegaba protestando porque últimamente apenas duermo y por las mañanas me caigo de sueño. Y no me importa si con sueño se referían al tiempo que pasamos durmiendo o me querían hacer pensar.
Teniendo en cuenta que quien me lo dijo conoce todas mis aspiraciones frustradas, me inclino por lo último, pero voy a tomar la primera opción, porque no me apetece reflexionar sobre la segunda.
Anoche estaba ya en la cama, no me podía dormir y me levanté a encender de nuevo el ordenador. ¡Lo que molesta el blanco de la página de Google!, sólo podía mirar con un ojo.
Hacía fresco fuera. Me gustan estas noches en las que no hace demasiado frío. Se oye correr en viento, se cuela moviendo las cortinas y termino acurrucada en el sofá bajo una manta.
No quiero pensar que no puedo dormir por lo que me empieza a quitar el sueño.
LA PRINCESA Y EL ENANO
Había una vez una princesa que vivía en un palacio muy grande. El día que cumplía trece años hubo una gran fiesta, con trapecistas, magos, payasos... pero la princesa se aburría.
Entonces apareció un enano. Un enano muy feo que daba brincos y hacía piruetas en el aire. El enano fue todo un acontecimiento. "¡Bravo!, ¡bravo!", decía la princesa, aplaudiendo y sin dejar de reír. El enano, contagiado de su alegría, saltaba y saltaba hasta que cayó al suelo rendido. "Sigue saltando, por favor", dijo la princesa. Pero el enano ya no podía más. La princesa se puso triste y se retiró a sus aposentos.
Al rato, el enano, orgulloso de haber agradado a la princesa, decidió ir a buscarla, convencido de que ella se iría a vivir con él al bosque. "Ella no es feliz aquí", pensaba el enano, "yo la cuidaré y la haré reír siempre".
El enano recorrió el palacio, buscando la habitación de la princesa, pero al llegar a uno de los salones vio algo horrible: ante él había un monstruo que lo miraba con ojos torcidos y sanguinolentos, con unas manos peludas y unos pies enormes. El enano quiso morirse cuando se dio cuenta de que aquel monstruo era él mismo reflejado en un espejo.
En ese momento, entró la princesa con su séquito. "¡Ah!, ¡estás aquí!, ¡qué bien!, baila para mí otra vez, por favor", pero el enano estaba tirado en el suelo y no se movía.
El médico de la corte se acercó a él y le tomó el pulso. "Ya no bailará más para vos, princesa", le dijo. "¿Por qué no?", preguntó la princesa. "Porque se le ha roto el corazón". Y la princesa contestó: "De ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio, no tengan corazón".
Yo sigo prefiriendo que me rompan el corazón una y mil veces a no sentir nada. Es bueno volver a casa.