Todavía tengo escalofríos al acordarme de ese beso tuyo. Ése en el que la oscuridad nos escondía. Ése en la intimidad de tres. Cuando no sabía si tus labios tocaban los míos de casualidad o con intención. Cuando yo no sabía besarte, y temblaba de miedo. De miedo a todo. Y de felicidad fugaz, imposible e infinita. De esa que en ese mismo momento sabía que ya jamás volvería a rozar... y que desapareció cuando dejé de tocarte aquel fin de semana de sueño y sorpresa.
Ahora que he perdido tantos momentos que pasé contigo, tantos abrazos que traspasan, tantas sonrisas a tiempo, tantas miradas. Ahora que ya no los tengo... sólo recuerdo tu respiración, tu olor, tu calor, tu aliento, tu beso y el tacto de tus manos. Tu voz.
El reloj de arena cayó deprisa. Cayó el último grano, de golpe... y dolió, mientras tú te dabas la vuelta. Yo... me había caído en tus ojos, con esa oscuridad... y tú... tú te acababas de escapar para siempre de los míos.
Aún sigo ahí atrapada. En esos ojos que ya no puedo mirar y en los que ya no me puedo ver. En tus caricias. Y aún no quiero salir. Un recuerdo dura siempre. Y, en ese escalofrío, yo siempre sentiré lo mismo.
ATRAPADA
TENGO UN ÁNGEL
Sí, sí, como suena, tengo un ángel. A lo mejor hay quien no tiene un ángel como yo... es posible, pero yo me siento especial teniéndolo, porque sé que es único y creo que yo soy única para él.
Para los que no tengan un ángel, les aviso que no es fácil conseguir uno, porque uno no lo elije, ni lo encarga, ni lo compra, ni se vende. Es un regalo y quizás haya veces en las que sientas que ni siquiera te lo mereces. Y es por eso que no importa cuánto tengas ni cómo lo utilizas, porque los ángeles te eligen y permanecen a tu lado toda la vida.
Pero tu ángel no sabe que es tu ángel, simplemente lo es. Es quien viene a abrazarte a casa muerto de preocupación porque tu teléfono está apagado y lleva horas llamándote, quien es capaz de saber que estás mal aunque no haya hablado contigo y esté a cientos de kilómetros de ti, quien te apaga la luz cuando te quedas dormida encima del libro y te tapa para que no te enfríes, te manda SMS diciendo que ha visto algo que le ha recordado a ti y hasta te riega las plantas cuando estás de vacaciones...
A veces me pregunto si yo seré el ángel de alguien...
¿Y tú? ¿Tienes o eres un ángel?
MEME
Con un poco de retraso, respondo al meme que me mandó Dintel:
"Se quedaron de pie en ese rincón de oscuridad y quietud, mientras los ecos y gritos de la batalla llegaban desde el tubo elevador."
Pertenece al libro "Danza de Espejos" (Lois McMaster Bujold), el sexto (de siete) de la saga centrada en Miles Vorkosigan un héroe y antihéroe al mismo tiempo.
COSAS QUE HUBIERA QUERIDO SABER
Después de leer un post de Irre, me paré a pensar la cantidad de cosas que se aprenden con los años, y todas esas que habría agradecido que alguien me hubiera dicho, aunque sé que, por desgracia, hay cosas que sólo se aprenden en carne propia.
Inauguro hoy una nueva categoría: "cosas que hubiera querido que alguien me dijera".
1. El primer amor podía ser para siempre, pero la relación no.
2. Esa gente para la que yo no era lo suficientemente buena, estaban tan perdidos como yo.
3. La mayoría de los intentos por hacer sentir mal a alguien suelen terminar con uno sintiéndose peor.
4. Hay peleas que valen la pena y otras que no.
5. Tratar de impresionar a otros es inútil y a menudo ridículo.
Es sólo una pequeña lista que iré aumentando. Por supuesto, se aceptan (¡y se agradecen!) sugerencias para nuevos posts.
SOL Y LIBROS
Hoy es uno de esos domingos en los que tienes posibilidades de hacer de todo y decides no hacer nada. De esos en los que las sábanas no te quieren dentro de la cama, pero el aire del otro lado de la puerta está muy caliente para la piel del cuerpo.
Entonces, después de un delicioso rato de lectura al sol, me quedo aquí, frente al teclado. El teléfono no puede sonar porque está desconectado y, aunque sonara, no lo contestaría, porque no estoy para negativas. No, no quiero salir de cañas. No, no quiero ir al cine. No, el mundo no se va a acabar hoy. Hoy estoy de tan buen humor que me sería imposible ser negativa.
Es domingo. Un domingo en el que no siento la necesidad de hacer algo para olvidar otra cosa. Sólo es un día con un nombre simpático. Y me da risa, como me dan risa la mayoría de las cosas que me pasan todos los días: como que el portero me quiera dar conversación y yo salga corriendo para intentar que no me cace. O mis becarios, que me llaman para que los rescate de sus broncas y luego me invitan a que me una a sus juergas, o mi jefe, que hace bailes de la victoria conmigo cuando algo sale bien.
Otro domingo más de sol en la piel y libros en el sillón.
SERÁS...
Serás efímero como el perfume. Volátil y fresco como las gotas que se adhieren en mi piel. Y me impregnaré de tu fragancia.
Serás el deseo, la tenue luz, la música en los oídos, la copa de vino, las sábanas limpias y frescas. Y me embriagaré de ti.
Serás el solsticio de verano, la luna, la pasión, el calor y la locura. Y enloqueceré por ti.
Serás la calma y la tempestad, la ropa tirada, las sábanas revueltas, la puerta cerrada. Y me llenaré de ti.
Serás tus manos y mi piel, tu voz y mi boca, tu mirada y mis ojos. Y me perderé en ti.
Serás esta noche.
SAN JUAN
Las personas pueden olvidar lo que les dijiste,
las personas pueden olvidar lo que les hiciste,
pero nunca olvidarán cómo los hiciste sentir.
Y tú me rompiste el corazón...
BRILLO
Vuelvo de vacaciones, de pasarme una semana recorriendo el sur de Francia. He paseado por las calles de Marsella y vengo con el sol de La Provenza pegado en la piel. Hoy no me importa que tus ojos no iluminen mi camino o que se haya pasado la tarde lloviendo porque hoy vuelven a nacer los viejos sueños y la esperanza se despereza.
Estoy contenta. No sé, me siento brillante. Como las bombillas redondas y blancas de mi calle. Y estarás pensando que estoy loca, que ni es Navidad y que, aunque lo fuera, mi calle no la adornan nunca. ¿Qué luces? ¿Qué bombillas?
Mira bien la próxima noche que pases por allí, porque también están al lado de tu casa: hay guirnaldas de luces blancas, de cuentas redondas y blancas ensartadas en un hilo fino y casi transparente, que se cruzan con árboles y buganvillas y hasta con ángeles de piedra y edificios del siglo pasado.
Ya las verás: son luces de fiesta, como el brillo que desprenden los ojos cuando eres feliz. Un detalle pequeño, que no se ve, pero que hace brillar a todo un parque.
No sé por qué brillo. No es culpa mía, no tiene mérito. Eso sale solo... Pero me gusta.
LA TRISTEZA Y LA LLUVIA

Cielo nublado. Probabilidad de lluvias y tormentas. Vientos moderados en la mitad norte". Eso decía el pronóstico del tiempo para hoy.
Veo venir las nubes desde la ventana de mi despacho. Las nubes se acercan mirándome fijamente, me sonríen. Y, como siempre, la tristeza aparece cuando el cielo se pone gris plomizo.
Ésta es sólo mía, de nadie más, y las dos lo sabemos, nos conocemos demasiado. Sé que llega, se instala y me acompaña todo el tiempo y, aunque quiera ignorarla, no puedo. Me abraza fuerte, me inunda el alma y ahí es donde se hace fuerte y toma el control. Es una de las pocas cosas, no, es la única, que llega y se va cuando ella quiere y no cuando yo decido.
Es raro, pero no me disgusta que me penetre y no me desagrada ni me fastidia que me gobierne entera. Pero me desgasta. Me chupa la energía, me consume la voluntad. Creo que se alimenta de eso.
Y si llueve... no podéis imaginar lo que hace conmigo cuando llueve. No sabéis lo que queda de mí. Ya va llegando. Ahí viene.
Hoy siento que no puedo pelear contra esta tristeza que amenaza con quedarse a vivir dentro de mí para siempre.
Que no llueva mucho, por favor. Que no llueva...