NOS VAMOS, CORAZÓN

La semana pasada vi amanecer sobre el Atlántico. Y allí, a más de ocho mil metros de altura y abrumada por la inmensidad de semejante espectáculo decidí que era el momento, que ya me cansé de luchar contra fantasmas y de demostrar que soy la mejor. Ya me cansé. Ya no se llevan los héroes, ni se premia el honor. Ahora quiero descansar.

Quiero guardar mis pócimas, frenar mi lengua y abrir mis puños. Quiero perderme, y ya no me importa hacerlo en unos ojos o en mi propia soledad. No quiero pelear, porque no sé si me espera la gloria al otro lado del camino. Porque no he visto la tierra prometida, y hace ya tiempo que perdí la fe.

Un día la arena que piso guardó promesas de riqueza. Ahora sólo recoge las huellas del paraíso perdido. Y estoy harta de herirme y que me hieran. Se acabó el brebaje de invulnerabilidad. Me retiro de este juego. Ahora que aún estoy a tiempo.

Recoge tus cosas, nos vamos, corazón. Cíñete la máscara y la coraza, este mundo no está hecho para débiles y románticos. Y enjuágate ese llanto. Ya no quedan hombros donde llorar. Hiela tu mirada, así no brotarán más lágrimas, y quema lo que quede, así no lo tendrás que cargar.

EL DIA DE LA MARMOTA

Harta. Estoy harta.

Estoy tan cansada de repetir los mismos días con distinta ropa, que ni siquiera me he dado cuenta que los días son más largos y de el sol ha vuelto a salir después de casi un mes lloviendo y nevando continuamente. Tengo la sensación de que desde hace dos meses repito el día sin escaparme ni uno.

El año que viene le voy a pedir a los Reyes Magos que me dejen hacer una devolución: le doy todas las horas que me las pasé esperando, que no sirvieron de nada, que me aburrí y hasta las de anoche, saliendo del trabajo a las diez.

CINCO MINUTOS


Cinco minutos más, por favor. ¡Sólo cinco minutos y me levanto!

GALLETAS DE LA FORTUNA

Este fin de semana he estado en restaurante asiático. Con más gula que hambre, habiendo terminado el postre, pedimos una galleta de la fortuna para cada uno. Después de que todos encontrasen su fortuna en esos mensajes crípticos, le pegué un mordisco a mi suerte, pero cuando miré en el interior para buscar el papelito con las verdades sobre mi futuro, me topé con una sorpresa: la galleta estaba vacía.

Tras superar la desilusión inicial y aceptar que me sentía estafada, lo primero que pensé fue en pedir otra, pero me puse a mirar con detenimiento la galleta vacía y, para sorpresa de propios y extraños, sonreí.

Terminé de comerme la "galleta de la no fortuna" pensando que el mensaje que traía la mía era el mejor de todos: si la galleta estaba vacía era porque es mi deber construir mi propio destino. Porque el destino no está en un papel, el destino es lo uno hace, lo que uno quiere, lo que una imagina.

Ése es mi futuro.

NO ME GUSTA

No me gusta estar así, que no puedo verte. Que no te llego y que no sirve de nada estirar los brazos porque si los estiro, sólo encuentro aire. No me gusta saber de ti por lo que intuyo o porque pienso que si las cosas no van mal, es que deben ir bien.

Detesto saber que no te llamaré cuando esté triste porque no sabré ni cómo decírtelo. Y no puedo con eso de no saber qué hacer y que la duda me deje quieta. No me gusta sólo poder verte de lejos cuando necesito tenerte cerca.

Me siento fría y tampoco me gusta. No me gusta saber que la vida a veces es sólo un juego con tres oportunidades y un game over infinito. Quiero que sea algo más, no sólo una aventura frívola, casi de cuento de pocas páginas y con ilustraciones desfasadas...

Me verás que quiero hablarte y escucharte, pero estoy en las nubes, aquellas a las que subí cuando necesitaba alejarme de ti, y ahora no sé bajar para verte. Supe subir, pero alguien me quitó las escaleras... quizás las quitara yo sola para que nadie pudiese seguirme, y aquí me he quedado, enredada como la hiedra.

Y aquí me quedo y no me gusta no saber volver contigo... ni conmigo.

ODIO

Te odié por conocerme mejor que yo. Me odié por no poder mentirte. Nos odié por encontrarnos.

Te odié por llenarme de tu olor. Me odié por emborracharte con el mío. Nos odié por sentirnos.

Te odié por contar la constelación de lunares de mi espalda. Me odié por sentir tu piel en la yema de mis dedos. Nos odié por equivocarnos.

Te odié por ser congruente. Me odié por amarte. Y nos odié por cobardes.

ROZANDO MI ALMA

Ya no compartimos hojas ni palabras, deseos y caminos. Ya no es nuestro el aire ni son nuestras las soledades. Ya eres ausencia.

Y sin embargo, sigues rozando mi alma y robando mis sueños. Sigues entrando en mi piel y bebiendo mi interior. Aún tiemblo cuando tu sombra se posa sobre la mía y siento que me acaricias, mientras me escondo bajo la almohada para no llorarte con mi memoria.

Y sueño que en silencio me susurras que aún no es tarde, que aún estamos a tiempo para hacer de este otoño el nuestro.

Y es que, a pesar de todo, sigues rozando mi alma.

DE COLACAO Y COCACOLA

A veces la vida es tan sencilla como caminar. Vamos recorriendo nuestro camino pisando más o menos fuerte, dejando huella o pasando de puntillas. Me gustaría tener muchas botellas de cristal llenas de grandes momentos, esos que hacen que tu vida se parezca a un anuncio de Coca-Cola. Me gustan las cosas sencillas, las soluciones brillantes, las buenas ideas, tachar una nueva línea de mi lista de problemas.

Estoy volviendo a una vida que me gusta y sé las coordenadas de la gente que está conmigo. Me dan miedo los cambios, que llegue un día en que ya no tenga nada que guardar en mis botellas de cristal. He vuelto y hay cosas que ya no son igual, sé que algunas tardaré mucho en acostumbrarme a saber uq ella no están, pero me doy cuenta de que no me van a faltar momentos que embotellar.

Hay veces que si remueves mucho la leche con el colacao, puedes ver el fondo del vaso. Pero tienes que remover con mucha fuerza, crear un gran caos, poner tu vida patas arriba y que ya nada sea lo que debería ser. Y allí, en el fondo, acurrucada en un rincón, me gusta quedarme.

Sé que estoy en medio de algo que se mueve muy deprisa, pero a veces me gustaría controlarlo todo. Hacer que todo se pare, atarlo muy muy fuerte, da igual que sea mi vida o mi colacao.

Estoy en relativa calma, no hace viento ni para mover un poco el pelo, pero sé que si me muevo mi equilibrio se romperá. Vaya hacia donde vaya, algo va a cambiar, así que me quedo un día más en mi rinconcito y cierro los ojos muy fuerte para no ver que me estoy quedando sin espacio.

Un día la calma se fue y empezó a llegar una ligera brisa. Decidí que tenía que huir, yo no quería viento, no sabía qué podía arrastrar aquello y me fui. Hice las maletas y desaparecí. Que pase lo que pase, pero mejor que pase cuando no esté yo.

Fui cobarde y el miedo me ganó la partida. Me jugué el futuro y perdí. No opuse resistencia, ni siquiera propuse una revancha. Estoy perdida. Ya no hay rincón de tranquilidad en el fondo del vaso de colacao.

SOÑANDO DESPIERTA

Hoy he vuelto a pensar en ti bajo la ducha.

Hoy he vuelto a escribir tu nombre en la mampara...


CIEN

Cien veces me he caído
Cien veces me he vuelto a levantar
Cien veces he amado
Cien veces he llorado por amor.

Cien veces he reído hasta llorar
Cien veces he soñado que me amabas
Cien veces he vuelto a creer que todo es posible
Y cien veces he dejado parte de mi alma en este blog

Gracias a todos los que habéis leído alguna de mis cien pequeñas historias.

Cien besos.