LAS TIJERAS DE LA COCINA

Tengo una teoría sobre las tijeras de la cocina. En realidad no es mía del todo, pero estoy segura de que la persona que me la contó no tiene ningún problema en que os la cuente.

Te levantas por la mañana, o a mediodía, o a las cuatro a de la tarde, y te vas a preparar un colcacao, abres el brick de leche, ese que viene con abrefácil pero no hay quien lo abra, ¿con qué? con las tijeras de la cocina. Luego, a la hora de comer, tienes que empezar el paquete de arroz, ¿con qué lo abres? con las tijeras de la cocina. Prueba a hacerlo sin ellas, seguro que te ha pasado, haces tanta fuerza que se abre de golpe todo el paquete y se cae todo el arroz al suelo en una proporción inversamente proporcional al tiempo que hace que has limpiado o a los minutos que faltan para que tu madre se presente en tu casa.

Usamos las tijera de la cocina para casi todo, cortar la verdura, trocear el pollo de la ensalada, abrir la caja de la televisión nueva, que parece que viene dentro de una caja fuerte por lo bien cerrada que está, quitar las etiquetas del jersey nuevo... en fin, que siempre recurrimos a ellas.

Un día vas a abrir el paquete de café y las tijeras no están donde deberían, ni en el cajón de los cubiertos, ni en el lavavajillas, ni en el fregadero... se las ha tragado la tierra.

Y ahí, en ese momento, es cuando las echas de menos de verdad. Cuando te das cuenta de lo útiles que son, de cómo el equilibrio de tu vida depende un poco de las tijeras de cocina. Te acuerdas de lo fácil que es todo cuando están ahí, de cómo la vida es un poquito más fácil de andar si nos podemos apoyar entre los dos.

Hasta ese momento nunca les habías hecho caso. Puede que ni siquiera te acuerdes de qué color es el plástico que las protege. Ni siquiera les habías dedicado un sólo segundo de tu tiempo, todo el día atareada usando el microondas, la batidora, o el cachivache ese que cocina solo, porque, todo sea dicho, por fuera tienen mucho más glamour.

Compara las tijeras con quien quieras. A mí me hace sonreír pensar que aunque no me dé cuenta, siempre hay alguien ahí esperándome en un rincón del cajón de los cubiertos y que, aunque no le preste toda la atención que se merece, nunca se le van a acabar las pilas.

Alégrate si un día descubres que tú también tienes unas tijeras y que hasta que no desaparecen no les das el lugar que se merecen en tu lista de prioridades. Y tranquilo, porque aunque ahora no estén, volverán y gracias a ellas, dejarás de poner la cocina perdida de arroz.

14 comentarios:

geminisdespechada dijo...

oooh qué bonita metáfora!! pero que conste que yo quiero mucho a mis tijeras de la cocina.. hasta las uso de martillo! jeje

En el Nucleo dijo...

muy buena metafora con respecto a las tijeras de la cocina, instrumento,estoy de acuerdo, muy util para abrir cualkier cosa( sobre todo las k llevan abre facil xD)
muy buen post.un saludito.
besos

Pauline dijo...

Bonita metáfora; la verdad es que nunca me había parado a pensar en ello pero sí, supongo que un poco de razón hay en ella. un beso

Lucía dijo...

Géminis, dí que sí, serán poco glamourosas, pero las tijeras de la cocina tienen innumerables usos. Las mías sirvieron una vez para cortarme el pelo (contra todo pronóstico, el corte me quedó perfecto)

Núcleo, ya sabes que en le fondo del cajón tengo un rinconcito para ti. Por cierto, me tienes que poner al día de tu evolución, que no cuentas nada, ¡mal bicho! :). Y, por supuesto, el abrefácil, es la cosa que más difícilmente se abre ;).

Pauline, cre que todos tenemos unas tijeras de la cocina por ahí sueltas, y estamos tan acostumbrados a tenerlas, que sólo las echamos de menos cuando no están. Y también creo que es un privilegio que esos amigos tan poco valorados, sean amigos nuestros. Eso dice mucho de ellos...

Besitos a todos y gracias por comentar.

JD dijo...

COn unas tijeras de cocina me abrieron a mi el coche y me robaron el casete y encima me las dejaron de recuerdo asi que mira si sirven jajaja

dintel dijo...

Huy, no hago ese uso de las tijeras, bueno, sí, pero no tanto como el que cuentas.

Lucía dijo...

JD, vaya, veo que las tijeras de la cocina tienen más usos de los que a mí se me ocurren (y eso que se me ocurren unos cuantos), pero lo apunto, por si un día se me ocurre abrir un coche y robar un cassette y no se me ocurre con qué XD.

Dintel, ya ves que sirven hasta para robar coches. Ah! y esta mañana he descubierto uno nuevo: para abrir latas de pintura XD.

Para que luego digan que no son glamourosas...

Besitos a todos y gracias por vuestros comentarios

wen dijo...

Jo, entro a ver si me has contestado el comentario que dejé el otro día de las tijeras mias del costurero, lo de cortarme el pelo, podar y tal, y me veo que no está !!! Argggg
Pues no pienso repetirlo ale, como protesta a blogguer XDD

Lucía dijo...

Wen, di que sí, saca tu vena reivindicativa! Me uno a ti, que no es la primera vez que dejo un comentario superchulo y luego no aparece por ningún sitio :(.

¿De verdad has usado las tijeras del costurero para podar? Desde luego... para que luego una no las tenga en cuenta como merecen, ¡si son mejores que los imperdibles!

Besitos!

wen dijo...

Luci, ;) sí. Las uso para cortar los hilos, normalmente para cortarme el flequillo o el pelo y un día o dos he practicado unas intervenciones de emergencia a la yuca con ellas, si XD
Y oye... siguen cortando de maravilla XDD

Lucía dijo...

Wen, veo que les sacas poco partido teniendo en cuenta para todo lo que sirven :P. De todas formas es que hasta entre tijeras hay clases, las del costurero son mucho más glamourosas que las de la cocina! XD.

guada dijo...

jajjaja, que bueno, en eso estaba pensando yo, el cariño que les tengo a mis tijeras, que incluso le dí un hermanito, el blanco y el negro, porque no me fio, porque les gusta mucho la juerga y desaparecen mejor tener dos.
interesante blog
un saludo

Lluís dijo...

Bonita alegoría, tu si que no necesitas pilas para escribir.

Un abrazo.

Lucía dijo...

Guada, bienvenida. Yo todavía no les he dado compañía, de momento, soy fiel a mis tijeras :).

Lluís, muchas gracias, eres un cielo.

Besitos a los dos