La semana pasada vi amanecer sobre el Atlántico. Y allí, a más de ocho mil metros de altura y abrumada por la inmensidad de semejante espectáculo decidí que era el momento, que ya me cansé de luchar contra fantasmas y de demostrar que soy la mejor. Ya me cansé. Ya no se llevan los héroes, ni se premia el honor. Ahora quiero descansar.
Quiero guardar mis pócimas, frenar mi lengua y abrir mis puños. Quiero perderme, y ya no me importa hacerlo en unos ojos o en mi propia soledad. No quiero pelear, porque no sé si me espera la gloria al otro lado del camino. Porque no he visto la tierra prometida, y hace ya tiempo que perdí la fe.
Un día la arena que piso guardó promesas de riqueza. Ahora sólo recoge las huellas del paraíso perdido. Y estoy harta de herirme y que me hieran. Se acabó el brebaje de invulnerabilidad. Me retiro de este juego. Ahora que aún estoy a tiempo.
Recoge tus cosas, nos vamos, corazón. Cíñete la máscara y la coraza, este mundo no está hecho para débiles y románticos. Y enjuágate ese llanto. Ya no quedan hombros donde llorar. Hiela tu mirada, así no brotarán más lágrimas, y quema lo que quede, así no lo tendrás que cargar.
This is the end...
Hace 14 años