MI CHICA FAVORITA

Clara piensa que debería haberse tomado la molestia de sacar cosas del bolso, siempre le pasa lo mismo, suena el móvil y tarda una eternidad en encontrarlo. Por fin, después de mucho rebuscar, aparece. Apenas le lleva medio segundo ver quién llama, descuelga con una sonrisa radiante y empieza a disparar palabras:
- ¡Vaya! Hola, Luis, ¡Qué sorpresa! ¿Dónde te metes? Llevas una semana desaparecido, ¡ni siquiera respondes a mis mails!
- Hola Clarita. Anda, no te enfades, preciosa, es que he estado un poco liado, pero sabes que eres mi chica favorita –dice él, zalamero.
- Bueno, cuéntame, ¿a qué se debe este honor?
- Verás –carraspea –, es que he conocido a alguien y quería que fueras la primera en saberlo.
- ¿Has conocido a alguien?, aclara un poco, ¿a qué te refieres exactamente con que has conocido a alguien? –pregunta ella.
- No seas tonta, ya sabes a qué me refiero.
- ¿Y quién es ella?

Clara sabe que cuando te dicen “he conocido a alguien” sólo puede significar una cosa, “he conocido a otra”, pero necesita esos segundos de ventaja en los que él le contará dónde la ha conocido y lo fantástica que es, para recomponerse.

A duras penas consigue mantener la sonrisa y la compostura unos minutos más, pero Clara ni siquiera escucha lo que Luis le está diciendo. Por fin, con la excusa de que se tiene que meter en el metro y que no hay cobertura, consigue colgar el teléfono.

Clara deja que sean sus pasos quienes, sabiéndose el camino, la lleven de vuelta al trabajo. Una vez allí, sólo atina a decir: “María, si me llaman, estoy reunida. Hoy no atiendo llamadas” antes de encerrarse en su despacho.

Incapaz de contener las lágrimas, llora. No puede recordar cómo ha sido la conversación, sólo sabe que hay otra, que tampoco esta vez es ella. Está cansada, cansada ser su amiga, su confidente, los brazos a los que él puede recurrir, de intentar ser algo más para Luis y no conseguirlo nunca. Llora desconsolada. Porque hay otra. Porque no es ella. Porque, a pesar de todo, sabe que él no miente cuando dice que es su chica favorita. Y llora. Llora.

Poco a poco se va recomponiendo y el corazón vuelve a latir. Y mientras busca en su bolso un pañuelo para secarse las lágrimas, ve su teléfono móvil.

No necesita buscar el número en la agenda, se lo sabe de memoria. Marca. Un tono..., dos tonos…, tres tonos... Por fin descuelgan:
- ¿Clara?
- Hola Luis, perdona por colgarte de mala manera…
- No te preocupes, boba, no pasa nada.
- Estaba pensando, que como mañana hemos quedado todos para cenar, ¿por qué no la traes y nos la presentas?

3 comentarios:

Ana P. dijo...

Creo que Clara me recuerda un poco a ti. Aunque haya perdido, aunque tenga el corazón roto, es elegante hasta el final.

Un beso.

Lluis dijo...

¿Por qué queremos siempre lo que no podemos tener?

y además cuando más se nos resiste, más nos apetece conseguirlo.

Belén dijo...

ahora tiene mucho más sentido la segunda parte, claro! muchas gracias :)